LAS VIRTUDES EN ACCION

LAS VIRTUDES EN ACCION

Tal cual lo había anunciado  , hoy inicio una columna que he titulado LAS VIRTUDES EN ACCION, como una forma de acompañarlos durante estas vacaciones de verano. Todo los miércoles de enero y febrero, tendrán mi columna y siempre mi compañía  etérica. Si quieren leer las notas, que serán vivencias , que tal vez les sea util, llenara mi corazón de  satisfacción espiritual. El conocimiento es como un hilo de Aridna, que nos guia en el laberinto para no ser devorado por el Minotauro de la Ignorancia.Que tengan Paz..

MIS DOS EXPERIENCIAS CON LA VIRTUD

Mi primera experiencia con la virtud fue dolorosa, frustrante y en su momento no entendía lo qué había pasado para sentirme tan mal. Al escribir esto tengo el recuerdo de cómo me santí aquella mañana del domingo, cuando, como todos los domingos, concurría a misa, no porque mis padres me lo indicaran, sino porque sentía en mi corazón la necesidad de vivir a Jesús en mis momento de soledad.

Era en ese momento un chico en camino a la adolescencia, tenía 13 o 14 años, y un anhelo ferviente de ser sacerdote al servicio del Señor, sentía que mi vida era el servicio a los hombres y mi aspiración, que todos fueran felices, como ocurre en este momento que escribo. Mis lecturas juveniles eran » Buscando a Dios » y las Bienaventuranza. Llegaba hasta las lágrimas cuando las leía y como un jovencito, no sabía interpretar cómo pasaba esto en mí, cuando a mi edad tenía que estar ocupado en ser simpatico, o tratando de conquistar a la chica vecina, ojo, que no es que no lo intentara, pero creo que eso se debía más que nada al impulso hormonal que a la aspiración de ser sacerdote.

Aquel domingo, que no quiero recordar, fuí a la misa en la Inmaculada Concepción, que quedaba a pocos metros de mi casa en San Juan, a donde concurría casi todos los días, despues de clase, para encontrarme con mis amigo y orar por la paz del mundo y la felicidad de los durante las tertulias religiosas.

En esa parroquia. estaba a cargo un cura, que no quiero recordar, solo su nombre ,se llamaba Mazon, que durante el sermón ,que con un gesto adusto, hablaba de las virtudes cardinales y que indicaba con su indice, a cada uno de los fieles ,que debían cumplirlas o su destino sería el infierno.

Yo , un joven de 14 años, y temeroso de ir a parar al reino de Lucifer, le pregunté en medio del sermón: ¿ Padre, usted cumple con esas virtudes?. Sus ojos  parecían verdadera brazas de Lucifer, pues indignado por mi pregunta, me echó de la capilla, y no sólo eso, sino que, dejando el púlpito, me corrió hasta la entrada de la iglesia y me prohibió ingresar a ella por el resto de mi vida.

Ustedes se imaginan el terror que me produjo esa reacción y llorando llegue a mi casa  donde mi madre, una santa. me preguntó ¿ qué te paso nene?. Nada mamá, el cura Mazon  me echo de la iglesia por haberle preguntado si él practicaba las virtudes sobre las que estaba hablando en el sermón.

Una sabia respuesta de mi madre, confirmada luego por mi padre, me dijo:» nene, tendrás que saber qué son las virtudes  y que no sólo los católicos las entienden o las practican»

Como toda mi familia , por linea paterna eran teosofos, especialmente mi abuelo, don Rogelio Díaz López, que presentó a Jinarajadaja en un acto en Rosario, donde mi abuelo ejercia la docencia.Y luego lo acompaño hasta San Juan donde lo presentó en el Teatro Cervantes,  que fue uno de los pocos edificios que quedo en pie luego del terremoto de 1944, y mi tí Fernando , que con amplitud doctrinaria encabezaba a caballo, blanco por supuesto, las procesiones de la Virgen de Andacollo. Mi padre, don Rogelio Diaz Costa, al momento de yo nacer, me eligió dos padrinos curas, uno de ellos el RP Hernandez, un historiador, transgresor de las costumbres monasticas. Me relataron que a Hernandez le gustaba bañarse en las  piletas públicas¡¡ que atentado a la moral, decían los mojicatos!! y otro ,un genio teologo, el sacerdote Videla Cuello,al que tuve oportunidad de conocer en mi infancia y quedar enamorado de las bibliotecas que tenía en su casa, todas la paredes estaban repletas de libros y una pequeña cama donde él dormia. Me quería mucho y cuando yo me despedía de él, le decia a mi padrino de confirmación «hasta mañana si Dios lo permite, y él me decía, muy bien hijo, ve con Dios. Videla Cuello, tenía cinco amigos teosofos y uno de ellos , Bustos, que me obsequio un libro de Ortega y Gasset llamado el Hombre y el Mundo, que aun conservo, me contó que al momento de morir, mi padrino, los reunió en su casa a esos cinco hermanos y moviéndose en su hamaca, ya no podía caminar, les dijo» hermanos voy a empezar un largo viaje y quiero despedirme». Tomaron una copa de champagne y mi padrino murió en ese instante.

Estos dos acontecimiento , producen en mi una conmoción emocional de un sacerdote que no supo responderme si practicaba las virtudes que estaba enunciando en el sermón y las vidas de estos dos grandes maestros del conocimiento que fueron mis padrinos, ambos de la fe católica,y teosofos en definitiva, me llevaron a indagar, como me lo indico mi madre, sobre qué son las virtudes y como practicarlas. Fue , mi iniciación en la teosofia, pues ella, sin dogmas me enseñó a reflexionar sobre esta fuerza interior de sobreponerse al lobo que tenemos subyacente en nuestra personalidad.

En mi próxima nota, como acompañamiento en estas vacaciones de 2015, el miércoles próximo, les cuento cada una de estas virtudes que nos elevan al cielo sin necesidad de pertenecer a un determinado credo

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