Para la teosofia, la personalidad, llamada “cuaternidad”( la parte física, la parte vital de ésta, las emociones y la mente concreta o razón) es como un escudo del cual se vale el Ego, para concretar en el mundo objetivo sus potencias interiores. La personalidad, como escudo es efímera, pero sin embargo se desprende de ella como un hilo que es el conducto que utiliza el Ego para transmitir los impulsos creadores que son , en definitiva estado de conciencias en busca de la perfección. Como todos los seres humanos poseen un Ego, consecuentemente poseen una personalidad.
La personalidad se estructura en los primeros años de la vida física. Podrá haber variaciones de adaptación, pero el alma utilizará para plasmar su impronta los arquetipos adquiridos en esa primera estructuración de la personalidad. Por eso es tan importante el trabajo formativo de la primera infancia- de 1 a 4 años- que se reafirma en la segunda infancia – de 5 a 7 años- y se consolida en la tercera infancia de 7 a 10 años-. Luego a partir de los 10 años se iniciará la pubertad, con lo que comienza otra etapa de la formación de la personalidad.
Si no concebimos algo inmortal en el hombre, algo que sobrepasa la vida de sus tejidos y de sus órganos físicos, sería ilógico pensar siquiera cómo en estados, donde la razón apenas es tenue ,habita ,entre las sombras, una fecunda vida afectiva en que en el Yo se encuentra una fuerza infinita superior que , por sobre las inclinaciones egocéntricas,pueda estructurar la personalidad del hombre. Esa fuerza, subyacente en el Ser, es capaz de construir en el Ser el escenario donde , ese anónimo”Alguien” pondrá en juego sus virtudes de bufo o divino en una acto de envergadura.
En efecto¿ podemos concebir,en medio de la anarquía de la primera y segunda infancia- la primera dominada por el instinto de goce más elemental, la segunda confusa e indisciplinada- donde el mundo y el Yo parece, polemizar tratando de establecer sus propias limitaciones, pueda gestarse algo tan importante como la personalidad humana?
Sabemos que la personalidad será a posteriori cambiada, acrecentada,destruida o tal vez vuelta a plasmar, pero sabemos también que para todas estas metamorfosis, el Alma echará a mano a sus primeras armas|
Si es así, sentimientos y razón son masas amorfas tratando de conquistar sus propios límites; si el Yo permanece aún indiferenciado, ¿ qué poder extraño selecciona los hilos para poder establecer la existencia individual, cuando ese Yo está ausente en el momento de la elección de la individualidad a vivir?
Por lo general la respuesta a esta pregunta es que las causas intervienen en la formación de la personalidad;las disposiciones , dotes congénitos y la educación recibida,son la base; ¿nos cabe otra pregunta? ¿ pero estas disposiciones congénitas de dónde provienen?
Más allá de la perennidad, continuidad o identidad del germen, y distante , infinitamente distante por cierto de lo efímero del soma , hemos de poner ese tercer elemento metafísico, rechazado por toda biología experimental, a quien sólo interesa los agente físicos y químicos que han de constituir el ser, y por toda biología reflexiva, pues la “ existencia de una idea directriz de la Vida que es causa inteligente que direcciona toda plasmación material.
Ningún tipo de ciencia biológica podrá explicarnos jamás el porqué de las diferencias radicales existentes entre un Gascon du Jouet criminal innato que se complacia ,a los cinco años, en inventar todo tipo de espeluznantes martirios contra los animales y niños indefensos y Juliete de Serv, mística criatura , que a los seis años permanecía diariamente por espacio de horas “ visitando a Dios”, según confesaba, como , seguramente millones de adultos quisieran poder hacerlo siquiera una sola vez en su vida sin lograrlo..¿ Pueden esas meras segregaciones glandulares ser origen de esa diferencia galáctica?. Si así fuera, Dios y el esplendente poder de su Inteligencia, residiría en realizar la perfección humana dentro de las glándulas , residencia poco confortable para ser elegida por quien, siendo amo de todo lo creado, puede escoger algo más digno de su jerarquía para habitar en ello.
Ese “ tercer elemento”, es el hombre-esencia, el que transita en la inmensidad del tiempo y el espacio y lucha por conquistar su ser como conciencia. No importa cómo llamemos a ese ser conciencia: Yo Superior, Atma o Espíritu u otros etcs. pues este es Él es Causa diagramadora de la personalidad de la cual Él mismo ha de servirse para buscar y manifestarse, y ser El mismo experimento para reconquistar la conciencia mientras dura el soporte de esta vida física.
Ahora bien, si decimos que la Personalidad está al servicio del Espíritu que la trasciende, es lógico pensar que la Personalidad tomará las características del Espíritu al cual sirve; es decir, se identificará con Él, pues sólo si se identifica, podrá ser utilizada por Aquel.
Una de las cosas más difíciles de lograr por la naturaleza humana es la identificación consigo mismo, que es el Espíritu, esto es la proyección de todas sus energía dispersas en el mundo que la circunda a un solo centro: ese centro es su Yo.
El hombre , puede lograr todo tipo de “identificación -espejo- pero poco la identificación -como imagen- .
Por identificación -espejo- quiero decir todo aquello que rodea, distrae y descentra al hombre y su ser. Y por identificación – como imagen-, lo contrario, o sea esa extraña fuerza que lo integra y armoniza con su propia naturaleza.
Para explicar este concepto diría que la identificación es dual. Hay momento en que nos identificamos con lo externo, la vida cotidiana y hay momentos en que nos identificamos con lo interno, con la vida interior, con lo esencial de cada ser .
Lastima que las escuelas psicológicas hayan omitido hablar en profundidad sobre la identificación y lo importante que es tener claro la diferencia que significa esto en el ser y en el tratamiento terapéutico.
Los más grandes genios ,de todos los tiempos fueron aquellos que dirigieron su energías hacia su mundo interior y se identificaron con su propio ser y se dedicaron a servirlo .
Freud, entiende por identificación esa actitud por la cual un ser “deviene” otra persona, a la cual se liga por vía afectiva, pero ese concepto es muy débil sobre la identificación. En realidad el hombre se identifica con todo: con sus instintos, sus sensaciones, emociones, hábitos, caprichos, pensamiento…Son como vías de escape de su responsabilidad, que es justamente adquirir su identificación-imagen., única que puede destruir su identificación espejo, donde se halla tan cómodo y tan muerto, esto es, “tan apartado de su propio ser”.
Cuando el deseo de una identificación-imagen es muy poderosa, toda la conducta del hombre se dirige al logro de ese fin, sorteando los obstáculos que lo aparte de ese objetivo. El querer del hombre, siempre apunta hacia arriba o hacia abajo, esto es, hacia la satisfacción de sus instintos animales o hacia el logro de sus instintos divinos. Es difícil hallar un hombre cuyas energías se hallen por igual parejas entre ambas direcciones: arriba o abajo. Siempre predomina una sobre la otra según sea la práctica que el hombre lleve a cabo en cualquier dirección.
Cuando digo esto , trato de situarme en el medio entre mentirnos y satisfacernos como animales o adorarnos como dioses. Aquí , en esta tarea de la identificación no hay término medio.. Éste (término medio)aparece solo como ilusión salvadora de tomar la decisión de no confundir querer con aspiración.
Se puede aspirar a la santidad, pero si no se logra ser santo, es porque no se quiso llegar a serlo.
La naturaleza constantemente nos llega y llena de ejemplos al respecto, pero nuestra fantasía no los acepta. Ella es definida y el hombre ,como hijo de la naturaleza también lo es. Sin embargo, es el único de sus vástagos que considera lógica poseer pata de león y alas de paloma. En una palabra ser un animal sin ser eso esencialmente. Aquí está la encrucijada que debemos vivir.
ESTA NOTA CONTINUARA LA PRÓXIMA SEMANA… LES DEJO ESTOS CONCEPTOS PARA MEDITAR.. POR SUPUESTO , ¡¡ SI QUIEREN»!!
