Creo y apoyo toda manifestación universalista, más aún, filosóficamente soy monista por convicción, pues entiendo que por encima del destino individual, participo de un destino común de la humanidad.Al menos en esto comprendo que soy uno con el Todo. Me considero parte de un quehacer universal.
Aclarada mi cosmovisión, comprendo que la humanidad- todos nosotros ,los humanos-está haciendo su, diría, primer ensayo de integración y , en consecuencia, los partidismos están cediendo, muy a su pesar, a una visión y vivencia planetaria de los seres » humanos».
El universalismo que propicio, no consiste en sumarme a un concepto totalizador, sino por el contrario en participar de la Totalidad sin ceder mi identidad, que es decir, sin perder mi libertad de saber quién soy, de dónde vengo y hacia dónde voy. No es renunciar a mi personalidad, o a la individualidad cultural en la que estoy inmerso, sino compartir, con todo el mundo mi enfoque de la vida, es compatibilizar inquietudes, anhelos e ideales; es dialogar las propuestas para lograr un mundo mejor para todos.
En una palabra simple y concreta: no es restar sino sumar esfuerzos para lograr la integración definitiva de lo que ahora se ha dado en llamar » la aldea planetaria»; la casa común, o globalización.
Pero para participar plenamente de este concepto, la teosofía diría, que el ideal universalista consiste en saber previamente quién soy. En nuestro caso , como argentinos, es tener claro quién soy, tener claro cuál es mi identidad; cuál es la conciencia nacional. No tener claro esto, que es elemental, es correr el riesgo de ser absorbido culturalmente , cosa que está ocurriendo , o convertirnos en sectarios nacionalistas a ultranza , en una palabra en seres «primitivos» y no comprender el ritmo de este siglo y las invenciones tecnológicas que han logrado superar conciencialmente al hombre de un localismo mediocre y aplastante de la creación.
Precisamente porque en este instante, en que la revolución en las comunicaciones ha acercado a los hombres a un centro común de inquietudes, el mundo se ha achicado, pues estamos recibiendo a una velocidad supersónica, como dirían los hombres del feudalismo.,una inmensa ola de información, cultura, ciencia, costumbres o acontecimiento de otros pueblos. Si no estamos preparados culturalmente, las novedades nos ahogarán y dejaremos de ser una entidad nacional para convertirnos en meros imitadores de otras culturas y costumbres. Y lamentablemente eso es lo que hoy estoy observando en la vida cotidiana de los argentinos, con la diferencia mayoritariamente de lo superficialidad de otros pueblos, aunque reconozco que también hay muy buena imitación hacia la ciencia, el arte, la cultura en general.En alguna oportunidad he leído un libro de un catalán, cuyo nombre no recuerdo , pero si el titulo de su libro que era » Ascenso y Descenso de la Cultura», que en su hipótesis decía que » Argentina , era la cultura del futuro por su energía creativa, y originalidad de enfoque de la realidad». Claro, que detras de lo potencial, diría yo, está la negatividad de lo que impide que el hecho se convierta en acto. En una palabra, hay muchos argentino que tratan de impedir que seamos puros creadores de un futuro planetario, como que estos negadores formaran parte del triángulo maléfico de los atlantes. Porque, aunque Ud., no lo crea, aun hay un triángulos atlante de magos negros que impiden que la luz de la creación se plasme en una realidad conciencias del nuevo hombre. De aquel hombre que anunciaba el Budha y el Cristo.
Hoy, hay que enseñar , sin limite de edad, condición social o situación económica, cuál es la identidad de los argentinos. A partir de una identidad nacional, podremos ser, pues los argentinos ahora vamos de un acto a una potencia y de una potencia a un acto, pues no tenemos identidad telúrica. Creo que aun no ha nacido el ser argentino, sino , como lo escribí en una oportunidad,la Argentina, es un territorio ocupado, y aquellos que lo hicieron borraron las raíces de la argentínidad.
En este momento en que las comunicaciones satelitáles y la Internet, unen los puntos más lejanos del país y del mundo, es propicio para encarar un programa cultural serio, no partidista y sectario,de la historia de la Patria,
Un buen espacio para ello es el radioteatro o el teatro televisivo dando lugar a un Gran Teatro de la Historia o el Mensaje de los siglos, donde en forma novelada, a la que somos proclives los argentinos,se cuente la historia de nuestros héroes, con sus virtudes y miserias, los momentos trascendentes de nuestro pasado, no para la venganza, sino para la enseñanza de lo que no se debe hacer o no hacer.Eso es adquisición de experiencia. Como pueblo niño reiteramos los errores, pues no hemos aprendido por el conocimiento, y si por el dolor, aunque pareciera que somos masoquistas que necesitamos seguir sufriendo para vernos tal cuál somos
La conciencia nacional se forma a partir de una identificación con ese pasado que da continuidad al ser nacional. Un pueblo sin pasado no existe o no sale de su niñez,no adquiere la madurez del adulto o permanece en un estado de adolescencia inconformista.
Como enseña la Teosofia, hay que recrear el amor por la historia donde están las bases de la nacionalidad, donde se encuentra el hilo conductor que salvará los baches que interrumpen la horizontalidad de la creación trascendente de la Nación.
