No es precisamente que haya escalado esa inmensa montaña , que alguien gráficamente comparó a la columna vertebral, en este caso del planeta, sino que estando en la República de Chile, gracias a una invitación de mi hija Cintia y de mi yerno Fernando, y lógicamente compartiendo la aventura con MTB y mi nieta Aimé , que realmente se hace amar, tuve la experiencia de vivir una enseñanza contenida en los «Anales» del Taoismo, cuando enseña los ciclos terrestres y la oleada de vida de la Naturaleza en relación con los fenómenos del Gran Día Cósmico..
En ese momento de profundo recogimiento interior en medio de una cadena sin fin de montañas, pude sentir la contención del valle, de la vegetación que explotaba en cada una de las piedras enormes que conforman cada una de las masas pétras de la precordillera.
Pero no sólo esa experiencia, que contaré en detalle, en sucesivas notas, sino otra que tuve en una pisina en medio de la cordillera. Allí me sentí como si estuviera en el vientre materno contenido por el elemento líquido y el sonido que éste produce cuando uno introduce la cabeza en la inmensidad acuosa de la pileta. Pensé que esa debe haber sido mi experiencia uterina y me sentí muy bien y feliz, no tenía que defenderme de ningún elemento extraño. Estaba con mi mamá
