ACORDARSE DE SI MISMO

ACORDARSE DE SI MISMO

La memoria está altamente relacionada con la atención, y ésta, con la conciencia.  Nosotros sólo memorizamos lo que ocurre cuando estamos presentes, o sea cuando estamos concientes. A mayor consciencia, mayor jerarquía de memoria. Cuando  a la memoria le doy una » jerarquia», es porque hay hechos sumatorios en nuestra existencia que constituyen retazos de la memoria ancestral y hay reminiscencias que perteneces a la esencia espiritual del hombre. Creo que sólo acordarse de hechos dolorosos, o estados de alegría, son inferiores a acordarse de que somos divinos, es decir somos un alma metida en un cuerpo.

La memoria es atributo de nuestra fidelidad a nosotros mismos: lo cotidiano y lo esencial, que conviven en el ser.

Por desgracia, nadie es tan infiel como el hombre para sí mismo. Pocas veces se recuerda. Tampoco quiere ni se esfuerza por recordarse. Se desliza por su vida interior o exterior, se escurre suavemente, inconcientemente de sus momentos y no los atrapa,. no les presta atención, no sabe hoy lo que hizo  ayer, o hace algunos momentos, no les presta atención, no  sabe qué hizo ayer; se deja » estar» dentro del tiempo, imaginando que vive, cuando en realidad vegeta.

Para ilustrar estos conceptos, les voy a contar un cuento oriental.

Había una vez un joven chino que deseando poseer la sabiduría del Buda, hizo sacrificios sin cuenta, cruzó desiertos, pasó hambre, enfrento  epidemias…Todo por llegar hasta Agura, un pequeño pueblo de Ceilán, donde decían las infomaciones que vivía un gran Maestro espiritual llamada Nadal…

Aclaro, que llegar hasta Agura, le costó al joven siete años de luchas sin cuartel dentro y fuera de sí mismo.Tal cual le ocurriera a Damodar, discipulo de teosofia, que dejó todo para encontrarse con los Maestras Trashimalayicos , en el alto Tibet,Dice la tradición teosofica que Damodar solo llevaba una pequeña valija que con el tiempo fue encontrada entre las piedras del cerro, pero no así el cuerpo de Damodar. .Pero lo curioso, es que al poco tiempo de su desaparición le llegó a Olcoll, compañaro de HPB ,una carta de Damodar que decía , al fin llegue.Nadie sabe a dónde.

En el caso del joven chino del cuento se dice que llegó ante la presencia de Nadal, de quien esperaba grandes elogios y toda clase de miramientos hacia su persona en virtud de sus sacrificios. Pero, al poco tiempo, durante las practica de meditación y lectura, solo recibida de Nadal  amonestaciones como a ninguno de sus compañeros . Era castigado verbalmente ante la menor falta. A veces Nadal le imponía castigos muy grandes por el simple hecho de haberlo visto exahalar el aire durante las prácticas de modo diferente al que se le enseñara.

Es lógico que muchos jóvenes practicantes ,ante tan estricta disciplina, busquen hablar con el Maestro, para que éste le explique ( ¡¡ que orgullo por Dios!! )por qué su severidad para con él.

Bueno, pero decidido a interrogar al Maestro  fue al Jardín de las Meditaciones a buscarlo. Allí estaba junto a un arroyo entregado a la lectura la que interrumpió al escuchar los pasos de su discípulo.

El joven, luego de las presentaciones del caso le interrogó: me castigas y hieres por la menor de mis faltas. De todos tus discípulos soy a quien tú más maltratas. Dime cuál es el motivo, sabio Nadal.

El Maestro le iba a responder, cuando de pronto, proveniente del cercano bosque, apareció un elefante enfurecido, el que atropellando todo cuanto se opinía a sus pasos; tal vez atraído por el brillante color de la túnica del joven, se encamino directamente hacia él, quien se olvido de todo, y comenzó a correr delante del elefante en carra más precipitada aun que éste , hasta que fue a dar por  último con su cuerpo en el  arroyo. El animal, se quedó en la orilla y luego, ya pacificado, regresó a su bosque.

Sucio y enlodado, con la ropa hecha una verdadera calamidad, salió el joven del arroyo rechinando los dientes..¡¡ ocurrirle algo semejante justo cuando venía a hablar con su Maestro!!…

Pero Nadal sonreía complacido.

Así le dijo Nadal.

El Iluminado ha querido hablar por mí, valiéndose de este accidente. Cuando tu Kung Tí – tal el nombre del joven chino- logres estar tan atento como lo está tu cuerpo para ponerse al resguardo de todo peligro que amenace con destruirlo, cuando tu conciencia superior adquiera ese grado de atención que posee tu conciencia física, no será necesario que tu Maestro te reprenda como innecesario hubiera sido enseñar a tu cuerpo cómo protegerse del peligro.

Has venido desde lejos, buscando quién te pusiera en camino de tí mismo. Lo que no supiste aceptar es , que el esfuerzo hecho para llegar hasta mí, no era todo el esfuerzo requerido para llegar hasta tí.

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